Para un niño con autismo la frase “Lista de espera” no significa días, sino años perdidos, aun recuerdo cuando mi hija de seis años estaba anotada para poder ser atendida por el área de neurología en el estado de Oaxaca. Hace un mes viajamos seis horas para ser exacta desde nuestra comunidad a la ciudad de Oaxaca, era la tercera vez que acudíamos a cita con el neurólogo para poder tener un diagnóstico certero de probable autismo.
Mientras en el mundo 1 de cada 100 personas es diagnosticada con algún tipo de Trastorno del Espectro Autista (TEA), en México uno de cada 115 niñas y niños vive con algún tipo TEA. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2022) la prevalencia mundial de los trastornos considerados del Espectro autista ha aumentado a nivel mundial durante los últimos 50 años.
El viaje comenzó antes de que amaneciera, lo que implicó levantar de madruga a mi hija, algo que sinceramente estaba fuera de su rutina, se levantó tranquila, ella sabía que viajaríamos para asistir a la cita médica, la cual teníamos meses esperando. Lo interesante de todo esto es tener que enfrentar desafíos como madres de familia ya que su hermana mayor tiene TEA nivel 1 y su hermanita apenas 1 año, bueno es fácil pensar para muchos y decir, se van de paseo familiar, sin imaginar que para una familia con niños autistas ese paseo significa un enfrentamiento a situaciones bastante complicadas y desgastantes (López, 2025).
¿Por qué tener que viajar hasta la ciudad de Oaxaca? La espera de ocho meses para la aprobación de la cita con neurología, seis horas de viaje por tres ocasiones, el gasto económico que representa y encima de eso, el desgaste físico, emocional y psicológico de los padres de familia, para poder llevar a nuestros hijos a su cita médica de tan sólo 10 minutos de atención por parte del neurólogo y encima de todo tener que esperarlo 4 horas para la atención.
Respondiendo a la pregunta, simplemente porque en mi comunidad no contamos con servicios de atención de neuropediatría, además de ello, las instancias de salud gubernamentales de la comunidad en la que vivimos no cuentan con los equipos y la infraestructura suficiente para dar la atención oportuna a niños con autismo (Rosales, 2024), poniendo en evidencia las políticas de salud de los diferentes niveles de gobierno, ya que los especialistas calificados son pocos y la demanda es mucha (al menos de diez a doce pacientes al día en un turno).
Esta situación la vivimos a diario miles de familias que, por necesidad y por la esperanza de poder tener un diagnostico certero. Tenemos que pasar por estos desafíos y problemáticas que, sinceramente, muchos no queremos decir por miedo a perder la atención oportuna de nuestros hijos con esta condición.
Para ser sincera, este último viaje me motivó a escribir esta columna y así compartir mi experiencia como madre ya que, aún en estos tiempos con tanta tecnología, vivimos una brecha de desigualdad social en aspectos de salud para niños con discapacidad como lo es el autismo (ONU, 2015).