La familia: el primer factor de protección… o el primer factor de riesgo frente al consumo de sustancias psicoactivas
La familia: el primer factor de protección… o el primer factor de riesgo frente al consumo de sustancias psicoactivas
La evidencia científica confirma que el hogar influye decisivamente en la prevención o el riesgo de las adicciones.
La evidencia científica confirma que el hogar influye decisivamente en la prevención o el riesgo de las adicciones.
Cuando hablamos del consumo de sustancias psicoactivas en adolescentes y jóvenes, con frecuencia buscamos responsables fuera del hogar. Señalamos las malas compañías, las redes sociales, la delincuencia o la falta de oportunidades. Todos estos elementos pueden influir, pero pocas veces tenemos el valor de reconocer que, en muchas ocasiones, el primer escenario donde se construyen los factores de riesgo o de protección es la propia familia.
Es importante dejar algo claro desde el inicio: afirmar que la familia influye en el consumo de sustancias no significa culpabilizar a madres, padres o cuidadores. La crianza ocurre en contextos complejos, donde existen dificultades económicas, jornadas laborales extensas, problemas de salud mental y múltiples presiones sociales. Sin embargo, ignorar la influencia del ambiente familiar sería cerrar los ojos ante una realidad ampliamente documentada por la investigación científica.
La familia representa el primer espacio donde los hijos aprenden a relacionarse con sus emociones, a resolver conflictos, a establecer límites y a enfrentar la frustración. Cuando este entorno ofrece seguridad, afecto, comunicación y normas claras, se convierte en un poderoso factor protector. Pero cuando predominan la violencia, la indiferencia, la negligencia o la ausencia emocional, aumenta considerablemente la vulnerabilidad hacia conductas de riesgo, entre ellas el consumo de sustancias psicoactivas.
Uno de los errores más comunes consiste en pensar que la supervisión es sinónimo de controlar cada movimiento de los hijos. En realidad, supervisar implica conocer quiénes son sus amigos, qué actividades realizan, cómo se sienten y qué dificultades enfrentan. Diversos estudios muestran que los adolescentes cuyos padres mantienen una supervisión cercana y una comunicación constante presentan menores probabilidades de iniciar el consumo de alcohol, tabaco y otras drogas.
El ejemplo dentro del hogar también tiene un peso enorme. Los hijos observan mucho más de lo que escuchan. Resulta contradictorio pedirles que rechacen las drogas cuando crecen viendo el abuso del alcohol como parte de cualquier celebración o escuchando frases como “una copa no hace daño” o “todos lo hacen”. Los mensajes cotidianos terminan moldeando las creencias y las conductas.
Otro aspecto que merece atención es la salud emocional de las familias. En consulta psicológica es frecuente encontrar adolescentes que no comenzaron a consumir por curiosidad, sino para aliviar sentimientos de tristeza, ansiedad, abandono o desesperanza. En muchos casos, las sustancias aparecen como una forma de escapar temporalmente del dolor emocional que no encontraron cómo expresar dentro de casa.
Vivimos además una época donde muchas familias comparten el mismo techo, pero no necesariamente comparten tiempo de calidad. Padres ocupados por el trabajo, madres sobrecargadas de responsabilidades e hijos inmersos en dispositivos electrónicos generan hogares donde la convivencia se reduce a cuestiones logísticas. Paradójicamente, nunca habíamos estado tan conectados por la tecnología y, al mismo tiempo, tan desconectados emocionalmente.
No podemos dejar de mencionar otro fenómeno preocupante: la normalización del consumo desde edades tempranas. Todavía existen adultos que ofrecen alcohol a menores durante reuniones familiares bajo la falsa creencia de que “es mejor que aprendan en casa”. La evidencia científica demuestra exactamente lo contrario: cuanto más temprano inicia el consumo, mayor es el riesgo de desarrollar dependencia y otras consecuencias para la salud física y mental.
Afortunadamente, también sabemos qué funciona para prevenir. Las investigaciones coinciden en que los estilos de crianza basados en el afecto, la comunicación abierta, el establecimiento de límites claros y el acompañamiento emocional disminuyen significativamente el riesgo de consumo. Los adolescentes no necesitan familias perfectas; necesitan adultos presentes, coherentes y dispuestos a escuchar sin juzgar.
Como psicólogo, he podido observar que detrás de muchos casos de consumo problemático existen historias de dolor, abandono, violencia o falta de comunicación que nunca fueron atendidas. Por supuesto, no todas las personas que viven estas experiencias desarrollarán una adicción, ni todas las familias con dificultades tendrán hijos consumidores. Sin embargo, fortalecer los vínculos familiares continúa siendo una de las estrategias preventivas más efectivas.
La prevención no comienza cuando encontramos sustancias en la mochila de un adolescente. Comienza mucho antes: cuando preguntamos cómo estuvo su día y realmente escuchamos la respuesta; cuando establecemos límites con cariño y firmeza; cuando enseñamos a manejar las emociones sin avergonzarlas; cuando el hogar se convierte en un lugar seguro para hablar de cualquier tema, incluso de aquellos que generan miedo.
La lucha contra las adicciones no puede recaer únicamente en las escuelas, los psicólogos o las instituciones de salud. Debe iniciar en casa, fortaleciendo aquello que ninguna droga podrá sustituir: una familia que escucha acompaña, orienta y permanece presente aun en los momentos más difíciles.
Porque la mejor estrategia para prevenir el consumo de sustancias no siempre está en una campaña publicitaria o en un programa gubernamental. Muchas veces comienza alrededor de una mesa, durante una conversación sincera entre padres e hijos.
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Fuente 1:American Academy of Pediatrics. (2023). Substance Use Prevention.
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Fuente 2:National Institute on Drug Abuse. (2024). Preventing Drug Use Among Children and Adolescents: A Research-Based Guide. National Institutes of Health.
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Fuente 3:Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC). (2024). World Drug Report 2024.
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Fuente 4:Organización Mundial de la Salud. (2023). Adolescent mental health.
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Fuente 5:Secretaría de Salud, Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones (CONASAMA). (2023). Estrategias de prevención de adicciones en población adolescente.
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Fuente 6:Steinberg, L. (2017). Adolescence (11.ª ed.). McGraw-Hill Education.
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