La Monumental de Mérida una tarde de domingo de emociones profundas en la tradicional Corrida Blanca. Abrió plaza “Ajkoo”, de 580 kilos, del hierro de Caparica, para el rejoneador Tarik Othón, quien desde los lomos de “Joselito” marcó el pulso del festejo con dos rejones de castigo bien colocados.
En banderillas, con “Divino”, mostró precisión, clavando en lo alto y sometiendo a un toro que tuvo fijeza. Cerró con “Sargento” y “Espartano”, dejando una faena estructurada que fue reconocida al saludar en el tercio.
El segundo, “Chaac”, de 515 kilos, cambió la temperatura de la tarde. Diego Silveti se recreó por verónicas, toreando despacio y rematando con un quite por gaoneras, que levantó al público de sus asientos. El brindis a Mérida y a su gente fue una declaración de intenciones.
Con la muleta, inició cerca de tablas con verdad y firmeza, ante un toro noble y con calidad. La faena tuvo hondura y sentimiento; por el derecho cuajó series profundas y por el izquierdo dejó muletazos largos y templados.
Con el sello de la casa, Silveti firmó su labor con ajustadas bernardinas y al pasarse al toro por el lado izquierdo, el toro le echó mano de fea manera, sin mirarse la ropa, volvió a la cara del toro para tomar la espada.
Falló Silveti con el acero, pero el peso de la obra lo llevó a saludar en el tercio y a la postre pasar a la enfermería, donde se le encontró una cornada en la parte media del glúteo derecho.
Fue una actuación de responsabilidad y madurez, creciendo muletazo a muletazo, transmitiendo al tendido y conectando desde la verdad. La rúbrica fue una gran estocada y la petición de oreja fue mayoritaria, coronando una actuación de profundo compromiso.
Parte médico de Diego Silvetti
Diego Silvetti sufrió una herida por asta de toro en la parte media de glúteo derecho, de aproximadamente 9 cm superficial, que compromete únicamente tejido graso, sin lesión muscular.
Resto de la corrida
El tercero, “Kuxtal”, de 520 kilos, de El Junco, correspondió al joven diestro español Marco Pérez, quien firmó una labor variada, dejando detalles de buen gusto y momentos de expresión torera.
El cuarto, “Inurreta”, de 505 kilos, de Caparica, fue el segundo del lote del caballista Tarik Othón quien desató un gran ambiente. Desde el inicio mostró temple y cercanía extrema, toreando de costado con los pitones rozando a su cabalgadura. Con “Mónaco” toreó con verdad y clase; con “Divino” derrochó capacidad en banderillas. Remató con un rejón entero arriba para cortar una oreja, con petición de la segunda.
Luego de ser estabilizado en la enfermería y sabiéndose herido, Diego Silvati salió a matar al quinto de la tarde, “Canek”, de 515 kilos, al que saludó con armoniosas verónicas y tras brindar al público, construyó una faena de poder y entrega ante un toro fijo y noble.
Cerró plaza “Balam”, de 520 kilos, de Caparica, para el ibérico Marco Pérez, que destacó con un buen saludo capotero y un inicio de faena de rodillas. Toreó con pausa, equilibrio y temple hasta consumar un trasteo de altos vuelos en emocionantes pases en redondo, una magnífica faena de Perez, ante un toro de gran calidad.
Fue penoso que el joven espada, haya fallado con la espada y dejara escapar un gran triunfo. El magnífico toro de Caparica fue galardonado con vuelta al ruedo. Al finalizar el festejo, Diego Silveti fue trasladado a la clínica Mérida para ser intervenido por los Drs. Federico López y Hernán Ramírez.
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