Santiago Xanica: la oportunidad de recuperar la palabra del pueblo
La elección del 16 de agosto abre para Xanica la posibilidad de recuperar la fuerza de su Asamblea.
La elección del 16 de agosto abre para Xanica la posibilidad de recuperar la fuerza de su Asamblea.
Oaxaca de Juárez, Oaxaca.— La historia reciente de Santiago Xanica debería dejarnos una enseñanza: un pueblo dividido se vuelve presa fácil de la manipulación, del abandono y de los cacicazgos.
Este municipio zapoteco de la Sierra Sur de Oaxaca ha vivido durante años conflictos alrededor de sus autoridades municipales. Las divisiones internas, las disputas por el poder y los intereses de grupo han terminado debilitando aquello que debería constituir su mayor fortaleza: la Asamblea y la palabra colectiva.
Durante demasiado tiempo Xanica no ha tenido la oportunidad de construir gobiernos verdaderamente comprometidos con el conjunto de sus comunidades. Una y otra vez las diferencias internas han sido aprovechadas para imponer decisiones, construir grupos y mantener el control político del municipio.
Cuando Miriam Sulamita Díaz Luis llegó a la presidencia municipal hubo quienes pensaron que finalmente las cosas podían cambiar. Que una nueva autoridad podría cerrar heridas, gobernar para todos y reconstruir la confianza entre la cabecera, las agencias y las rancherías.
Pero ocurrió lo contrario.
Su intento de permanecer en el poder mediante la reelección profundizó todavía más las diferencias.
Alrededor de su administración surgieron fuertes cuestionamientos sobre el manejo de los recursos municipales, la construcción de lealtades y la utilización del poder público para conservar el control político.
La elección con la que pretendía continuar fue inicialmente validada por el Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana de Oaxaca. Sin embargo, el conflicto llegó a los tribunales y finalmente aquella elección fue invalidada al determinarse que no se habían garantizado plenamente los derechos políticos de todas las comunidades del municipio.
Y eso no es poca cosa.
En un municipio indígena, pasar por encima de una parte de las comunidades significa lastimar el principio mismo sobre el que descansa su sistema de gobierno: la voluntad comunitaria.
Ahora Xanica vuelve a encontrarse frente a una decisión histórica.
El próximo 16 de agosto habrá nuevamente elección municipal y existen dos proyectos claramente confrontados.
Por un lado está Mario López López, elegido en Asamblea General del pueblo y convertido así en la expresión de quienes buscan recuperar la vida comunitaria, fortalecer la Asamblea y comenzar una etapa distinta para Santiago Xanica.
Del otro lado está Araceli López García, identificada en la comunidad como pareja sentimental de Miriam, circunstancia que ha provocado todavía mayor inconformidad entre habitantes de Xanica, pues muchos consideran que su candidatura representa el intento de prolongar el mismo grupo político y conservar el control municipal a través de una persona cercana.
Y ahí está precisamente el fondo de esta elección. ¿Quién debe decidir el futuro de Xanica: el pueblo reunido en Asamblea o quienes pretenden conservar el poder municipal mediante sus propias redes y lealtades?
No se trata únicamente de cambiar un nombre por otro.
Si Mario López López obtiene la confianza de las comunidades tendrá una enorme responsabilidad. No bastará con ganar. Tendrá que demostrar que representa realmente una manera diferente de gobernar: sin venganzas, sin exclusiones y sin reproducir los mismos vicios que hoy se cuestionan.
Tendrá que reconciliar.
Tendrá que escuchar.
Tendrá que transparentar los recursos públicos.
Y, sobre todo, tendrá que devolverle al ciudadano y a la Asamblea su poder de decisión.
Porque la verdadera tragedia de Santiago Xanica no ha sido solamente tener malos gobiernos. Ha sido permitir que sus divisiones internas sean utilizadas una y otra vez para debilitar al pueblo.
Un pueblo dividido es terreno fértil para el cacicazgo.
Un pueblo reconciliado, organizado y consciente de su fuerza resulta mucho más difícil de someter.
Por eso el 16 de agosto puede significar mucho más que una elección municipal.
Ese día veremos qué puede más en Santiago Xanica: la palabra de la Asamblea o las viejas prácticas de control; la decisión colectiva o la compra de voluntades; el deseo de construir un nuevo camino o la pretensión de perpetuar un grupo en el poder. Xanica se está dando otra oportunidad.
Hacemos votos porque sus mujeres y hombres logren vencer los vicios y contradicciones que durante tantos años han hipotecado su futuro; porque ninguna persona, familia o grupo vuelva a colocarse por encima de la comunidad.
Y porque, después de tantos años de desencuentros, pueda comenzar una etapa distinta.
Que esta vez pueda más la palabra del pueblo.







































